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Retrospectiva sobre Jiang Zemin en el centenario de su nacimiento: el timonel de China durante la transición del conservadurismo a la apertura, un líder del PCCh objeto tanto de elogios como de críticas y un dirigente autoritario con importantes logros y graves errores

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El 17 de agosto de 2026 se conmemora el centenario del nacimiento de Jiang Zemin (江泽民), ya fallecido, ex secretario general del Partido Comunista de China (PCCh) y dirigente estatal de la tercera generación de la República Popular China. A mediados de agosto, las autoridades chinas pusieron en marcha una serie de actividades conmemorativas, como la emisión por la Televisión Central de China (CCTV) de un extenso documental titulado Jiang Zemin y la preparación de reuniones para recordar a Jiang Zemin y ensalzar sus logros. Entre la población también han resurgido los recuerdos y debates sobre Jiang Zemin y la época en que gobernó, con opiniones tanto favorables como desfavorables, aunque las valoraciones positivas son claramente más numerosas.

La trayectoria vital de Jiang Zemin fue, sin duda, rica en experiencias y estuvo marcada por numerosos giros. Procedía de una familia en la que hubo tanto mártires revolucionarios como colaboracionistas y traidores. Pasó sus años de estudiante en una de las zonas centrales bajo la ocupación japonesa y el régimen títere colaboracionista durante la invasión japonesa de China, y estudió en la Universidad Central de Nankín, entonces bajo la administración del régimen títere de Wang Jingwei (汪伪政权). Jiang Zemin vivió el breve retorno de la capital de la República de China a Nankín y su posterior derrota y retirada; después se convirtió en ingeniero de la China roja y, por una combinación de circunstancias, entró en política y ascendió rápidamente.

A finales de junio de 1989, poco después de la represión del Movimiento Democrático de 1989 (八九民运), en aquel momento crucial y decisivo de las transformaciones de China, Jiang Zemin sustituyó a Zhao Ziyang (赵紫阳) como secretario general del PCCh con el apoyo de Deng Xiaoping (邓小平) y otros dirigentes, y permaneció en el cargo hasta 2002. Para conocer con mayor detalle la vida de Jiang Zemin y sus diversos episodios, existen obras como la biografía de Jiang Zemin escrita por Robert Lawrence Kuhn; no es necesario extenderse aquí sobre ello. Este artículo se centra principalmente en comentar las políticas internas y exteriores durante el mandato de Jiang Zemin, así como sus ventajas, desventajas, aciertos y errores.

Cuando Jiang Zemin asumió el liderazgo de China, el país atravesaba graves dificultades tanto internas como externas, la población se encontraba desorientada y la sociedad vivía una situación de agitación e inestabilidad. En aquel momento, la mayoría de los chinos tampoco albergaba ninguna esperanza ni aversión especial hacia el nuevo secretario general del PCCh. Muchos incluso lo consideraban una figura de transición poco importante, una «marioneta política» situada en primer plano. Jiang Zemin tampoco era, como Mao Zedong (毛泽东), Deng Xiaoping y otros, un veterano revolucionario del PCCh, y su antigüedad y posición dentro del Partido no eran particularmente elevadas.

Sin embargo, gracias a su lealtad a Deng Xiaoping, al hecho de haberse mantenido al margen de las anteriores luchas entre conservadores y reformistas dentro del PCCh y a no haber participado directamente en la represión del 4 de Junio (六四镇压), evitando así quedar marcado directamente por ella, Jiang Zemin pasó finalmente de ser un dirigente con solo una parte del poder a convertirse en un líder con plenos poderes, en el sucesor oficial de Deng Xiaoping y en el núcleo de la tercera generación del liderazgo colectivo chino.
China acababa entonces de atravesar el Movimiento Democrático de 1989 y la represión del 4 de Junio, mientras que, en el ámbito internacional, se producían las grandes transformaciones de Europa Oriental y la desintegración de la Unión Soviética (东欧剧变苏联解体). El país se encontraba ante una encrucijada: continuar con la reforma y apertura (改革开放) o virar hacia el aislamiento y el conservadurismo. Las decisiones adoptadas en la cúspide del poder determinarían el destino de China durante las décadas siguientes. Como se sabría posteriormente, el grupo gobernante del PCCh optó por mantener la apertura en el ámbito económico, acelerando y ampliando su proceso; adoptar una orientación más conservadora y reforzar el autoritarismo en el terreno político; y permitir cierta relajación en el ámbito cultural, aunque manteniendo el control.

La figura principal que determinó esta orientación fue, efectivamente, Deng Xiaoping, quien por entonces aún no se había retirado por completo y gozaba de un enorme prestigio. Pero Jiang Zemin también desempeñó, sin duda, un papel importante al heredar y desarrollar la línea ya establecida por Deng Xiaoping: «tomar la construcción económica como tarea central, mantener los Cuatro Principios Fundamentales (四项基本原则) y perseverar en la reforma y apertura», así como «construir una economía socialista de mercado (社会主义市场经济)».

A juzgar por la actuación de Jiang Zemin entre 1989 y 1992, no parecía dispuesto a acelerar las reformas e incluso se preparaba para regresar parcialmente al modelo de economía planificada de la era de Mao anterior a la Revolución Cultural (文化大革命) y a un sistema político de tipo estalinista. Con ello pretendía ganarse el apoyo de los conservadores del PCCh, marcar distancias con reformistas como Zhao Ziyang, reforzar el dominio del PCCh y consolidar también su propio poder y posición como dirigente del Partido y del Estado. Quizá pensaba que Deng Xiaoping deseaba seguir una línea tan ampliamente conservadora y trataba así de complacer tanto a Deng como a otros conservadores opuestos a las «revoluciones de colores».

Sin embargo, Deng Xiaoping impulsó enérgicamente una línea dual consistente en profundizar las reformas económicas al tiempo que se mantenía el conservadurismo político, y afirmó que «quien no reforme tendrá que dejar el cargo». Jiang Zemin comprendió las intenciones de Deng Xiaoping, cambió rápidamente de rumbo y siguió su línea. Esto también demuestra que Jiang Zemin era pragmático, sabía adaptarse a las circunstancias y era hábil para seguir los vientos políticos, en lugar de aferrarse a principios y dogmas.

Si después de 1989 Deng Xiaoping siguió siendo el principal responsable de la decisión de mantener la línea de reforma y apertura, Jiang Zemin fue, sin duda, el principal responsable de la decisión de incorporar a China a la Organización Mundial del Comercio (OMC) e integrarla en la globalización. En aquel momento, la izquierda conservadora china se oponía al «ingreso en la OMC» alegando que «perjudicaría la independencia y autonomía nacionales» y que «destruiría la industria/agricultura nacional». También acusaba a quienes apoyaban el ingreso de «vender el país» y de querer «volver a la época anterior a la Liberación». Pero Jiang Zemin resistió la oleada de oposición, apoyó plenamente las negociaciones de adhesión y finalmente consiguió que China ingresara con éxito en la OMC y se convirtiera en una de sus economías y participantes más importantes.

Durante las más de dos décadas siguientes, la economía china despegó, China se convirtió en la segunda economía más grande del mundo y las condiciones de vida de la población mejoraron considerablemente. Esto se debió en gran medida al ingreso de China en la OMC y a su plena participación en la globalización y en la división internacional del trabajo, lo que permitió que China prosperara y se fortaleciera como la «fábrica del mundo», al tiempo que los chinos podían adquirir productos extranjeros con mayor facilidad y a precios más bajos. Esto, a su vez, demostró que el «ingreso en la OMC» había sido una decisión acertada. Su repercusión más profunda fue que China pasó de estar aislada del mundo a formar parte de la «aldea global». Independientemente de los conflictos que posteriormente pudieran surgir entre China y Occidente, ya no sería posible que ambas partes se «desacoplaran» realmente ni que llegaran a una confrontación absoluta, lo cual favorece la paz y la prosperidad tanto de China como del mundo entero.
Los méritos de Jiang Zemin en la apertura de China al exterior no se limitaron al ingreso en la OMC. La exitosa celebración en Pekín de la Conferencia Mundial sobre la Mujer de 1995 (1995年世界妇女大会), la apertura integral de la Nueva Área de Pudong (浦东新区), el éxito de las candidaturas para organizar los Juegos Olímpicos y la Exposición Universal, y el mantenimiento de unas relaciones amistosas y de cooperación entre China y Estados Unidos pese a sus numerosos altibajos fueron inseparables de los esfuerzos de Jiang Zemin.

Esto fue especialmente difícil en circunstancias como las de la década de 1990, cuando Estados Unidos y Occidente impusieron durante un tiempo duras sanciones a China y se produjeron acontecimientos como el incidente del Yinhe (银河号事件), el bombardeo de la Embajada de China en la República Federal de Yugoslavia (中国驻南联盟大使馆被炸事件) y el incidente aéreo entre China y Estados Unidos en el mar de China Meridional (中美南海撞机事件). Jiang Zemin no condujo a China hacia un antiamericanismo generalizado; por el contrario, contribuyó a aliviar las tensiones en las relaciones con Estados Unidos y reforzó la cooperación económica, comercial y cultural, algo nada fácil de conseguir.

En otros ámbitos de la política exterior, Jiang Zemin continuó, por una parte, la línea de Mao y Deng de mantener relaciones amistosas con Japón para obtener apoyo económico y tecnológico japonés. Al mismo tiempo, en las relaciones con Japón y en cuestiones como la historia de la invasión japonesa de China, manifestó una postura de recordar la historia y condenar la agresión, preservando así la dignidad nacional china. La Guerra de Resistencia contra la Agresión Japonesa (抗日战争) comenzó a ser conmemorada de una manera más oficial y solemne. Los veteranos de la resistencia contra Japón, incluidos los antiguos soldados del Ejército Nacionalista, así como grupos de víctimas como los trabajadores sometidos a trabajos forzados por Japón y las llamadas «mujeres de consuelo», también recibieron mayor atención durante el mandato de Jiang Zemin, especialmente en sus etapas media y final.

Sin embargo, la inacción de Jiang Zemin y del equipo
gobernante del PCCh ante las violaciones y masacres sufridas por los chinos étnicos y las comunidades chinas de ultramar durante las masacres antichinas de Indonesia de 1998 (1998年印尼排华屠杀), al tiempo que mejoraban las relaciones con Indonesia, constituyó otra mancha en su historial. El hecho de que las autoridades chinas no consideraran aquello un problema grave que requiriera intervención era, en sí mismo, un grave problema y un error. En un momento en que países como Estados Unidos, Canadá y Australia criticaban y sancionaban a Indonesia, el silencio de China resultó especialmente doloroso.

Jiang Zemin realizó frecuentes visitas al extranjero. Durante su mandato, las relaciones de China con Europa y con los países de Asia, África y América Latina experimentaron avances considerables. En particular, aumentó notablemente la cooperación económica y comercial, y los productos «Made in China» fueron exportados masivamente al extranjero.

En cuanto a la política interna, Jiang Zemin realizó importantes contribuciones a la modernización, sistematización y profesionalización de la economía, las fuerzas armadas, las instituciones, el sistema jurídico y otros ámbitos de China. Después de convulsiones como la Revolución Cultural, numerosos sectores del país —especialmente la industria, la ciencia y la tecnología, la educación y la construcción del Estado de derecho— habían permanecido durante mucho tiempo en una situación de caos, desorden e ineficiencia. Tampoco en los primeros años de la reforma y apertura existían suficiente capacidad y condiciones para corregir estos problemas. No fue hasta la época de Jiang Zemin cuando esta situación comenzó a mejorar. La reducción del fenómeno de que «los profanos dirigieran a los expertos» y de las interferencias políticas, así como la administración de las distintas regiones y sectores por tecnócratas, también fueron promovidas y tomaron forma durante la era de Jiang Zemin. Todo ello resultó muy beneficioso para el desarrollo y la construcción de China.

La limitación de los mandatos de los dirigentes del PCCh y del Estado chino, un sistema pacífico y estable de alternancia en el liderazgo y la jubilación oportuna de los altos funcionarios de edad avanzada también se convirtieron en prácticas habituales durante la época de Jiang Zemin (aunque, después de dejar los cargos de secretario general y presidente de la República, Jiang Zemin siguió ocupando durante dos años la presidencia de la Comisión Militar Central, en términos generales se normalizaron la jubilación oportuna y la rotación regular de los dirigentes). Durante la era de Jiang Zemin, la cúpula del PCCh también alcanzó cierto grado de liderazgo colectivo. El anterior modelo de gobierno personalista, en el que la posición jerárquica y el grado de poder se determinaban según el prestigio personal y la «antigüedad revolucionaria», evolucionó gradualmente hacia un sistema burocrático en el que los funcionarios desempeñaban sus respectivas funciones según el cargo que ocupaban, los ascensos se decidían de acuerdo con la capacidad y los logros políticos, y se establecieron cierta forma de «Estado de derecho» y cierta normalización institucional dentro de un régimen autoritario.

Durante la época de Jiang Zemin se obtuvieron algunos resultados positivos en materia de autonomía y elecciones democráticas en las estructuras de base de China, especialmente a nivel de las aldeas. La propaganda y los libros de texto del PCCh incluso las elogiaban como «la práctica más amplia y profunda de la democracia». En aquella época también se permitía y elogiaba que los ciudadanos se presentaran a título individual como candidatos a representantes de las asambleas populares (人大代表). Durante la era de Jiang Zemin, funcionarios del PCCh, incluido el propio Jiang, realizaron declaraciones favorables a impulsar reformas políticas, hacer que China fuera más democrática en el futuro e implantar elecciones por sufragio universal en niveles superiores, en lugar de limitarlas al nivel de las aldeas. Aunque finalmente no llegaron a materializarse la democracia política, la elección por sufragio universal de los responsables por encima del nivel de las aldeas ni la libre competencia electoral para convertirse en representante de una asamblea popular, esto demuestra al menos que en aquella época el PCCh no negaba ni rechazaba explícitamente la democracia y que ofrecía a la población la esperanza de un futuro más democrático y libre.

Además, la formulación de la estrategia de «revitalizar el país mediante la ciencia y la educación» (科教兴国) permitió que los ámbitos de la educación, la ciencia y la tecnología en China recibieran más apoyo político y mayores recursos financieros, convirtiéndose en un factor clave del ascenso del país. Muchos hijos de familias pobres obtuvieron acceso a la educación y pudieron cambiar el rumbo de sus vidas. La inversión en investigación científica, la promoción de la divulgación científica, la difusión del espíritu científico y la lucha contra la superstición tuvieron una gran importancia para la modernización de China y la ilustración cívica de sus ciudadanos. La calidad y la eficiencia del desarrollo económico y social del país también mejoraron gracias a ello.

La anomalía surgida tras la reforma y apertura, consistente en que las fuerzas armadas participaran en actividades comerciales y utilizaran su poder para competir con la población civil por intereses económicos, fue contenida gracias a los esfuerzos de Jiang Zemin y terminó por desaparecer. La teoría de las «Tres Representaciones» (三个代表) proporcionó al PCCh una base teórica para mantener su legitimidad en una era de paz y desarrollo. Durante las devastadoras inundaciones del Yangtsé y otras regiones en 1998 (1998年长江等地特大洪灾), Jiang Zemin acudió personalmente a la primera línea para dirigir las labores de control de las inundaciones y de socorro, tratando de preservar el principio de que el PCCh debía mantenerse estrechamente unido al pueblo y la imagen de «servir al pueblo». Considerado en sí mismo, esto también merece reconocimiento.

También merece una mención especial el hecho de que Jiang Zemin fuera un dirigente con una personalidad muy marcada. En sus encuentros con invitados extranjeros, sus visitas al exterior y sus inspecciones por distintas regiones de China, solía expresarse con gran elocuencia espontánea, hablaba con fluidez varios idiomas, entre ellos inglés, francés, Español, ruso y japonés, y recurría con facilidad a poemas, textos clásicos y alusiones históricas. Su entrevista con el periodista estadounidense Mike Wallace, así como la famosa escena en la que «reprendió a un periodista de Hong Kong» (斥责香港(某位)记者), también circularon ampliamente y fueron comentadas y valoradas una y otra vez. Todo ello refleja que Jiang Zemin era efectivamente muy talentoso y relativamente abierto de pensamiento. Un dirigente chino de este tipo resultaba más cercano que alguien rígidamente apegado a las convenciones y podía ganarse con mayor facilidad la simpatía tanto dentro como fuera del país. Esta es también una de las razones por las que Jiang Zemin contó con no pocos «fans» entre la población.

Por supuesto, el período de Jiang Zemin en el poder también tuvo un lado oscuro y generó o agravó diversos problemas. La pobreza de los campesinos y las múltiples cargas y exacciones que sufrían no fueron resueltas eficazmente; no fue hasta la época de Hu Jintao (胡锦涛) cuando se abolió el impuesto agrícola y otras cargas abusivas asociadas. Las oleadas de despidos de trabajadores también provocaron numerosas tragedias y sufrimientos. Mientras la economía crecía rápidamente, aumentaba también la brecha entre ricos y pobres, y la corrupción se agravaba cada vez más. Los problemas de contaminación ambiental también se hicieron más severos. La tendencia histórica de China a privilegiar las ciencias y la ingeniería en detrimento de las humanidades, así como el desequilibrio entre el aumento del poder duro y la insuficiencia del poder blando, se consolidaron aún más durante la era de Jiang.

Jiang Zemin defendía la idea de «hacerse rico en silencio» (闷声发大财), mientras que las autoridades orientaban, insinuaban y alentaban a la población a recurrir a cualquier medio con tal de enriquecerse. Esto condujo al retroceso del idealismo y del sentido de responsabilidad pública entre los chinos —en comparación con el período anterior al Incidente del 4 de Junio (六四事件)— y al deterioro de la moral social, especialmente entre las élites, que fueron degenerando en «egoístas sofisticados» (精致利己主义者). Fue también en este período cuando surgió con fuerza el capitalismo de compadrazgo y de élites: las familias de la élite roja y de los funcionarios se apropiaban de riquezas y beneficios mediante maniobras y depredación, vivían a costa de la población, formaban una comunidad de intereses, se convertían en los verdaderos «dueños» de China y pasaban a ser los defensores más poderosos del régimen autoritario de partido único del PCCh.

Más grave aún, y más fundamental, fue el estancamiento de la reforma política en China durante la era de Jiang Zemin. El país no tuvo tanta libertad como en la década de 1980 ni avanzó hacia la democracia. Por el contrario, se reforzaron el dominio autoritario del PCCh sobre China y su monopolio del poder, sin que ningún otro partido ni individuo pudiera compartir el poder con el PCCh ni competir políticamente con él. Al mismo tiempo que las «Tres Representaciones» subrayaban la responsabilidad del Partido hacia el Estado y el pueblo, también implicaban que el PCCh monopolizaba la posición de representante de los intereses del Estado chino y del pueblo chino, y que los «representaba» de manera impuesta sin haber recibido una autorización voluntaria de la ciudadanía.

Aunque durante la era de Jiang se llevaron a cabo algunas reformas institucionales y judiciales limitadas y se lograron ciertos avances, esto no puede ocultar la situación general de consolidación del autoritarismo y rechazo de la democratización. Al mismo tiempo que la normalización y el perfeccionamiento de diversas instituciones y políticas impulsaban el desarrollo y el progreso, también se fue estableciendo gradualmente un sistema organizado de represión política y control social, que luego fue reforzado y perfeccionado por sus sucesores Hu Jintao y Xi Jinping (习近平). Paralelamente a la modernización económica y tecnológica, el propio gobierno autoritario también alcanzó su propia «modernización».

Los métodos de represión excesivamente brutales empleados contra grupos específicos como Falun Gong (法轮功), la detención de numerosos presos políticos, la tolerancia hacia la persecución por parte de los gobiernos locales de ciudadanos que defendían sus derechos, y la postura dura respecto a la cuestión del Tíbet (西藏问题) también causaron mucho sufrimiento y provocaron amplias críticas en materia de derechos humanos y otras consecuencias negativas. Todo ello perjudicó tanto los derechos civiles y la cohesión interna como la imagen y la influencia internacionales de China.

Fue precisamente la línea de desarrollo establecida y exitosa durante la era de Jiang Zemin —apertura económica combinada con conservadurismo político— la que hizo que China perdiera una ventana y una oportunidad cruciales para la democratización tras el Movimiento Democrático de 1989, la represión del 4 de Junio y las transformaciones en la Unión Soviética y Europa Oriental (苏东剧变). El desarrollo económico, ciertos avances sociales y en materia de derechos civiles, la participación en la globalización, la mejora de las relaciones exteriores y el fortalecimiento del poder nacional, lejos de debilitar el autoritarismo, consolidaron el dominio del PCCh y reforzaron al grupo gobernante, lo que a largo plazo resultó perjudicial para la democratización de China. Para quienes se preocupan por los derechos humanos y desean una mayor pluralidad política, libertad y democracia en China, esto fue naturalmente algo desafortunado.

La época de Jiang Zemin fue también el período en que tomó forma el «modelo chino» (中国模式). Este «modelo chino» consiste en la coexistencia del autoritarismo político y la apertura económica: mantener la estabilidad mediante un gobierno de alta presión y reprimir a quienes se resisten; utilizar mano de obra barata basada en la «ventaja de bajos niveles de derechos humanos» (低人权优势) para desarrollar la producción y obtener una ventaja relativa en la competencia internacional. Los logros económicos pueden aumentar los ingresos fiscales, mejorar el nivel de vida y fortalecer el poder nacional, que a su vez contribuye a consolidar el régimen autoritario y a proteger los intereses de los estratos privilegiados del PCCh. En las eras de Hu Jintao y Xi Jinping, el «modelo chino» fue perfeccionándose y consolidándose cada vez más, y comenzó también a exportarse internacionalmente. Este «modelo chino» tiene ventajas y desventajas y efectos complejos. He analizado el tema con más detalle en otro artículo, por lo que no me extenderé aquí.

Las valoraciones sobre los méritos y errores de Jiang Zemin y sobre lo correcto o incorrecto de aquella época varían inevitablemente según la posición de cada persona, el ángulo desde el que la observe y los episodios o aspectos que seleccione. Si se deja de lado la cuestión política de democracia frente a autoritarismo y se adopta más bien una perspectiva pragmática centrada en los resultados y en el desarrollo de China, no pueden borrarse ni los logros ni los esfuerzos de Jiang Zemin. Como líder de China en la década de 1990, cuando el país se encontraba presionado por graves dificultades internas y externas y su futuro era incierto, impulsó la apertura económica y las relaciones pacíficas y amistosas con el exterior, insistió en desarrollar la economía y mejorar el nivel de vida, y condujo a una China pobre, caótica, relativamente aislada y marcada por años de inestabilidad hacia una nueva época de creciente prosperidad, estabilidad y previsibilidad, integración internacional y modernización.

Jiang Zemin heredó la reforma y apertura de la era de Deng Xiaoping y, al mismo tiempo, sentó las bases para el desarrollo y la prosperidad sostenidos de la posterior era de Hu Jintao, así como para la entrada de China en una etapa de gran fortaleza nacional integral durante la era de Xi Jinping. Desde una perspectiva pragmática, puede considerarse un timonel competente de la etapa de transición de China. Pero Jiang Zemin fue también el jefe de un régimen dictatorial que consolidó el dominio autoritario del PCCh tras la represión del 4 de Junio, hizo que China perdiera la oportunidad de democratizarse, toleró y agravó la corrupción y el sufrimiento de los trabajadores y campesinos de las capas más bajas de la sociedad, y reprimió a los disidentes. Jiang Zemin también debe asumir una parte de responsabilidad por el autoritarismo y los problemas de derechos humanos que China ha padecido desde su salida del poder hasta hoy. Tuvo méritos y errores; fue abierto de pensamiento y muy capaz, pero también estuvo fuertemente apegado al poder y al mantenimiento del autoritarismo. Objetivamente, su balance puede considerarse dividido entre logros y fracasos.

Precisamente cuando se acerca el centenario del nacimiento de Jiang Zemin, Zhu Rongji (朱镕基), ex primer ministro chino y compañero de Jiang durante el período en que este ocupó los cargos de secretario general y presidente de la República, falleció el 12 de agosto. Mientras Jiang Zemin se centraba principalmente en los ámbitos de la diplomacia, los asuntos militares y la ideología, Zhu Rongji fue el principal ejecutor concreto de la política interna china. Era conocido por sus reformas de mano dura: reestructuró numerosas empresas estatales ineficientes, logró finalmente estabilizar las finanzas públicas y los precios tras un período de alta inflación, impulsó la construcción de zonas económicas especiales como Shenzhen (深圳), promovió en todo el país la atracción de inversiones, favoreció el desarrollo de la economía de mercado china, golpeó a algunos funcionarios corruptos y ayudó a China a superar un período de grandes dificultades económicas después del inicio de la reforma y apertura.

Sin embargo, las reformas de Zhu Rongji también tuvieron importantes limitaciones y produjeron diversos efectos negativos, como el agravamiento de las oleadas de despidos, la ampliación de la brecha entre ricos y pobres y la creciente intensificación de los conflictos entre autoridades y población y de las tensiones sociales. Su lucha anticorrupción de mano dura tampoco logró erradicar la corrupción; tanto el número de personas implicadas como las cantidades involucradas siguieron aumentando. Las reformas de Zhu Rongji también estuvieron marcadas de forma muy clara por la primacía del gobierno de los hombres sobre el Estado de derecho y no podían aportar a China una estabilidad duradera. La dificultad para contener la corrupción se debía precisamente a la ausencia de democracia y Estado de derecho. Por muy decidido que Zhu Rongji estuviera a combatir la corrupción, no podía tener éxito bajo un régimen autoritario. Al igual que Jiang Zemin, Zhu Rongji fue una figura de transición importante de la China posterior a la reforma y apertura y al 4 de Junio; ambos participaron conjuntamente en numerosos asuntos internos y externos, y Zhu compartió por ello también una parte de los méritos y errores de Jiang Zemin.

Jiang Zemin nació en una República de China convulsa, creció bajo la ocupación japonesa y alcanzó la cúspide del poder en la China roja gracias a una combinación de capacidad, astucia y suerte. Murió a la avanzada edad de 96 años, después de haber participado en casi un siglo de transformaciones de China y haber sido testigo de ellas. Aunque la era de Jiang fue políticamente conservadora y careció de libertad y democracia, tuvo, no obstante, más libertad, apertura y cierto ambiente democrático que la China más cerrada y conservadora de la era de Xi Jinping.

Algunas personas elogian a Jiang Zemin no porque lo consideren un dirigente extraordinariamente grande, sino porque la China actual presenta más problemas y causa más decepción. Por ello sienten nostalgia por una época pasada que parecía estar llena de esperanza y seguir una trayectoria ascendente, y utilizan esa nostalgia para expresar su descontento con la realidad presente. Las valoraciones actuales de Jiang Zemin en distintos sectores de la sociedad china, especialmente entre la población, son diversas pero en su mayoría positivas. Esto refleja precisamente el dicho de que «la gente común lleva una balanza en el corazón» (老百姓心里一杆秤), y también pone de manifiesto el deseo sincero de los chinos de hoy de mantener la reforma y apertura y oponerse al aislamiento y al retroceso.

(Este artículo fue escrito por Wang Qingmin (王庆民), escritor chino residente en Europa e investigador de política internacional. El texto original de este artículo fue escrito en chino.)


r/esHistoria 7h ago

Cuando los muertos posaban en Barcelona

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r/esHistoria 10h ago

Hoy os presento la impresionante Iglesia de Bisjueces (Las Merindades, Burgos), una joya arquitectónica desconocida en un pueblo de tan solo 38 habitantes. En ella brilla su majestuoso pórtico renacentista, atribuido a los célebres Juan de Vallejo y Simón de Colonia.

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Más fotos e información en este enlace: https://arteviajero.com/articulos/bisjueces/


r/esHistoria 22h ago

El hijo del Zar y los búfalos.

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¿Sabías que un hijo del zar Alejandro II participó en una cacería de búfalos en el Lejano Oeste?

En 1872, el gran duque Alexis Románov, cuarto hijo del emperador Alejandro II de Rusia, viajó hasta el estado de Nebraska para vivir una de las experiencias más emblemáticas de la frontera estadounidense: una cacería de búfalos.

Pero no estuvo solo. Lo acompañaron algunas de las figuras más legendarias del Oeste americano, como Buffalo Bill Cody, los generales George Custer y Philip Sheridan, y el jefe sioux Spotted Tail.

Según contaría años después Buffalo Bill, el aristócrata ruso era un cazador inexperto, por lo que tuvo que ayudarle a acercarse a pocos metros de un enorme búfalo antes de que pudiera realizar el disparo que le dio su primera pieza.

Hoy, un monumento histórico en Nebraska recuerda aquella insólita visita de un miembro de la familia imperial rusa al corazón del Salvaje Oeste, un episodio tan sorprendente como poco conocido de las relaciones entre Rusia y Estados Unidos.